Querida tierra de Camaná

 

Hace doce años nuestra relación es intermitente, conflictiva, amorosa, muchas emociones encontradas, pero sobre todo con mucho presente. Las novelas, investigaciones, leyendas y cuentos que adeudo son innumerables, porque no sería suficiente estar en mi cerro, mi querida Hábitat La Pampa, sentado en el sillón de paja al costado de la puerta del sin fin de anécdotas y los aprendizajes que me dejaste. Aquellas lecciones que no vinieron de grandilocuentes apellidos o grandes extensiones de terreno, ni mucho menos jactarme que pertenezco a una de las cinco familias fundadoras de la provincia, porque no tendría nada porque enorgullecerme.

“Mi colegio agropecuario Faustino B. Franco no solo me enseño materias académicas, me enseñó a convivir horizontalmente, sin elevarme tanto del suelo ni tampoco por debajo de el”

La migración viene de la Camaná que nadie quería ver hace veinte años, aquella Camaná chauvinista, racista, discriminadora y clasista que se va dejando en el olvido, solo presente en aquellos vientos de verano que se asoman en el atardecer de febrero, muy presente en restaurantes exclusivos de La Punta. Fue el fenómeno tangible del campo a la ciudad señores y señoras que no solo garantizo la productividad de las tierras agrícolas en periodos de cosecha y siembra cuando llego la urea y el arroz, no fueron las ideas grandilocuentes del extranjero, trastocadas con utópicas cerradas, que ya el mismo termino caía en camanejismos.

“Cuando cosechaba los rabanitos, criábamos las aves e inyectábamos antibióticos a los bovinos, hacíamos amigos que mantenemos hasta ahora”

La migración nos hizo humanos o pretende hacerlo, sobre todo con aquellas personas que se resisten, porque ser producto de la educación pública en toda mi formación como camanejo, me hizo entender que las familias callan cuando el patrón grita, que hay que pallapar para sobrevivir, que la minería es un trabajo de riesgo que tal vez no vuelvas a ver a papá o a mamá, y que los mineros informales de Secocha no trabajan en las condiciones que lo hacen porque les guste, que el silencio es la mejor compañía para calmar las penas de un adolescente que no encuentra amigos en el recreo, donde los hermanos menores se crían con los mayores porque hay que trabajar las tierras de Cusco, Apurímac, Ayacucho, infinidad de sitios que no son el bulevar, el Hotel de Turista y la plaza de armas.

“Me acuerdo cuando sacábamos guayabas en medio de la chacra y nuestra profesora salía con su bolsita a pedir que le invitemos (no revelaré su nombre de la profesora querida)”

Camaná es su gente, aprender a conocer la tierra es estar en paz con la gente que vive en ella, en los ocho distritos y en todos los asentamientos humanos. Reconocer que estamos en el olvido es un avance, por ejemplo, ver que el balneario La Punta hace veinte nueve años no tiene ningún cambio es triste, pero también utilizar el apoyo popular para ganar elecciones se convierte en una mercancía y te terminas acoplando a aquello que juraste rechazar, todo es responsabilidad totalmente nuestra.

“Las grandes ollas de comida que se llevaba a la playa e innumerables primos que venían para jugar en verano”

Como no dedicarte unas humildes palabras mi Villa Hermosa de Camaná, mi pacha, mi tierra, todas mis cicatrices y mis alegrías se esconden en tus playas como los tatuajes contemporáneos que exigen generaciones que se alienan y se adhieren a postulados neocoloniales, chacras, cerros, canchas de futbol y sitios mineros. Pensaba regalarte una obra literaria con muchas páginas, muchos nombres y entrevistas extensas para las personas que quisieran leerlas o escucharlas (la verdad el tiempo es un verdugo), se tiene que empezar a celebrar tus aniversarios con aquellas brechas y condiciones de competitividad que poco a poco se van a cortando y mejorando, me preocupa que, como buenos camanejos, todo lo hacemos lento, pero todo lo hacemos muy bien (es mi chauvinismo para decir que soy de provincia).

“Primer lugar que conocí donde los abuelos consuelan y engríen a sus nietos, haciendo huir de castigos de padres y madres enfurecidos”

Hoy no me toca dormir en la plaza de armas de Camaná con mi promoción, o ir a llevarnos unas sandias para el desayuno, mucho menos comernos los tamales de pollo en la mañana. Pero desde estas palabras los migrantes te saludamos Villa Hermosa de Camaná, feliz aniversario tierra querida.



 

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