Feliz aniversario Cerrito de Azúcar

 

Lo que conocí de Islay veinte años atrás, mejor dicho, de Mollendo, porque así me lo contaban mis abuelos, haciendo alusión que las capitales de provincias en la zona costera de la Región Arequipa se comen la riqueza cultural de los distritos junto a sus sitios escondidos. Unos de esos saberes previos venían de las canteras del futbol y el protagonismo por las playas, ¿Cuáles eran las caletas más bonitas? ¿Qué provincia sacaba los mejores jugadores? Rivalidades sanas, por lo menos para mi generación y grado de racionabilidad de un mundo cosmopolita que se abre a la modernidad y un libre pensamiento que gana mas adeptos con el tiempo.

“Son 42 años de reivindicación política y 165 años de creación que te festejas, que te engalanan tus hijos, Islay-Matarani”

Siendo sociólogo uno tiene que empezar a cuestionarse los chauvinismos que residen entre distritos, provincias y regiones del sur del Perú, es muy común en el ejercicio de la profesión. Pero puede aflorar y convivir en silencio un animo de discriminación competitiva de quien es el mejor sobre determinados temas, que aun cuando la razón es parte de tu identidad ciudadana, o pretende serlo, se convierte en una lucha constante de nunca acabar, pero yo la llamaría de aprendizaje permanente por una convivencia más pacífica entre iguales, entre seres humanos, entre camanejos y mollendinos.

“Me enseñaron que uno tiene que seguir trabajando para generar cambio”

Tengo la posición que la sociología tiene que ser combinada y retroalimentada por dos condicionantes en el ejercicio profesional de la carrera. La primera va referida a problematizar la realidad sobre condiciones homogéneas y heterogenias que nos permite la academia, aplicando las teorías clásicas y contemporáneas sobre los hechos sociales. La segunda, se refiere a la aplicación de instrumentos, metodologías y conocimientos de gestión de procesos en la resolución de problemas que yacen en la sociedad, que la primera condicionante ya enmarco. Posición o estilo, creo que es el camino.

“Para aprender a mandar hay que aprender a obedecer. Lo escuchaba de amigos que me triplicaban o doblaban la edad”

Campo y academia tienen que estar unidas interdependientemente en un profesional que hace sociología, para no caer en generalidades y en el sentido común engañoso, apabullante en momentos de crisis, pero tampoco resbalar en el pragmatismo puro y duro. No aplicando enfoques de esquematización de la realidad, dejándose llevar por presupuestos y pautas administrativas que pueden encasillar a la sociología.

“Te llevaré donde yo vaya, mi querido Cerrito de Azúcar, mi querido distrito de Islay”

Los cuatro párrafos que anteceden muestran una forma de actuar del profesional de sociología, para lo cual me parece necesario hacer la antesala, para contar el amor que le tengo a la tierra que me cobijo durante casi tres años. Y me parece menester hacerlo, porque cuando llegue siempre se hacían o me hacían la pregunta ¿Qué hace un sociólogo aquí? ¿Cuál es su campo laboral? ¿a quien va a reemplazar? ¿Cuánto tiempo te quedas? ¿de dónde vienes? ¿A dónde vas? Me acuerdo claramente ese momento, todavía con mi boleto de regreso a mis queridas comunidades campesinas de Chumbivilcas que las extraño tanto, esperando pronto regresar.

“Las pichangas de los martes y los jueves no se olvidarán, un espacio donde solo había gente divirtiéndose, sin cargos ni jerarquías”

Solo me tenía que quedar por un mes, pero los efectos del conocido “Cerrito de Azúcar” ya estaban hipnotizándome para poder quedarme mucho más tiempo que el pactado. Allí tuvo mucho que ver el Sr. alcalde Fernando Zúñiga Chávez, donde solo tengo palabras de agradecimiento por la confianza, por escucharme, por compartirme su visión de desarrollo de un territorio, por brindarme su invalorable amistad y dejarme conocer su equipo de futbol (como se le suele llamar) donde construí amistades que serán permanentes en el tiempo, mencionar a cada uno y una seria interminable, aún si contamos las anécdotas que algunos no querrán que queden en estas páginas, nunca acabaría. Para ellas va dirigido este pequeño y humilde, pero significativo homenaje. Justo en esto último, me apoya Mario Vargas Llosa, parafraseándolo el manifestaba, la patria no son los símbolos, el himno o el escucho sino quienes nos vinculan al territorio, quienes viven en él, la familia y las amistades.

“No es distrito de Matarani, es distrito de Islay. Un recuerdo del Dr. Rusbel Cornejo, caminante de las Lomas de Cachendo”

Matarani me hizo conocer Mollendo, Mejía, Punta de Bombón, Deán Valdivia y Cocachacra, reflejados en su gente, en sus tradiciones, en su idiosincrasia, en su problemática, en sus medios de comunicación, con sus conflictos sociales, en su forma de compartir y como convivían unos con otros. Fui muy afortunado, porque personas que vivían y habían nacido en la capital de la provincia no conocían la zona rural de está, hasta se puede decir que Islay me dio ciertos privilegios, o lo ha hecho para que regrese pronto. Pero lo mas valioso que me enseño, que me enseño mucho, fue a entender las diferencias territoriales que muchas veces están bajo muchos prejuicios sin sentido, y como resolverlas.

“Cuando la persistencia no descansa, el triunfo será la recompensa”.  

Estaré eternamente agradecido a la tierra que me cobijo, de la cual me siento parte, y que los trabajos que se hicieron se reflejan, se palpan, se luchan para que se hagan realidad. Un gran abrazo a todo el distrito de Islay-Matarani, a mis amigos y a toda la población que con la migración sigue forjando un territorio guerrero que no se deja pisar el poncho, ni tampoco lo piensa pisar.

Feliz aniversario.



 

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