Un robo
Un robo
Lucas Z.
Granda.
Pasan muchas preguntas por la cabeza de un ser humano cuando
presencia un asalto, o es asaltado, sobre todo cuando las cuestiones no pueden ser
respondidas a los sentimientos extraños que exigen respuestas, exigen
explicaciones para la razón. La impotencia, la ironía, el miedo, la resignación
y la absoluta incertidumbre de cuáles deberían ser los siguientes pasos a seguir
para retomar tu percepción de seguridad a nivel individual y sentir la
protección de una sociedad que te cobija, bajo el manto del colectivo y la
organización, y no sentirse a merced del individualismo y la indiferencia. Siendo
una dicotomía constante en la vida cotidiana y quien esta en la búsqueda
permanente de una ideología coherente con su consciencia.
Eso le paso a Moisés Justo, un hombre de 43 años de
edad, teniendo su lugar de origen Lampa-Puno, un comerciante que labora en la
Plataforma Avelino Cáceres por más de veinte años. Ferviente defensor de la
democracia, la libertad de expresión y la lucha contra el Estado autoritario de
Dina Balearte, todos los mercados lo conocían por sus argumentos y su pasión
por las causas sociales que siempre defendió en batalla con diferentes gobiernos.
Un hombre tranquilo que confiaba en el poder popular, en la organización del
pueblo para poder rechazar todo tipo de mal.
Don Moisés decidió dar un alto a sus lecturas, a su
trabajo comercial y a la lucha organizacional coyuntural contra el gobierno, para
poder distraerse un rato con su familia, yendo a un festival cultural que les
gustaba mucho a sus hijas. Inculcando el amor por el arte y la sabiduría desde
muy pequeñas a Samara y Lucia, ambas de 12 y 8 años de edad respectivamente. Samara
quería estudiar derecho en la Universidad Nacional de San Agustín para defender
a las personas más vulnerables que no conocían sus derechos y que han sido
permanentemente atropelladas en los mercados mayoristas y minoristas de
Arequipa, por otro lado, Lucia quería estudiar Cine en Lima, para poder dar a
conocer las realidades de las provincias y regiones del Perú, dando un mensaje
de rechazo a la idealización de una tercera parte de la población de la
república peruana, que se piensa que Lima es el Perú. Ambas encontrarían en la
profesión que estaban escogiendo la convicción que su consciencia les dictaba,
para un futuro combativo y en relación a la crianza que les dio su padre. Que
les dio Moisés.
Habían escogido una obra teatral que se realizaría en
la Av. Parra en la Estación Cultural. La obra se trataría sobre la época del
terrorismo y los familiares que después de treinta años siguen buscando a sus seres
queridos que murieron en fosas comunes a manos del ejército. Una vez que lograron
determinar el horario, la modalidad de transporte y las cosas que llevarían
para comer, decidieron marchar para deleitarse con el espectáculo cultural. Cada
uno había visto películas, leído libros y escuchado testimonio en el Avelino
sobre lo que significó la época del terrorismo en 1980 en el Perú, pero sobre
todo en el sur del país.
Cuando llegaron se dieron con la sorpresa que la obra
teatral se iba a realizar al día siguiente, una mala lectura tal vez de Don
Moisés que por el cansancio no se cercioro la fecha de la función. Un poco
perturbados y con resignación, decidieron marcharse caminando para tomar la combi
con destino a la casa. Iban conversando en el transporte lo que podrían ver en
la televisión para distraerse como familia, bajando la guardia con lo
concurrido que puede ser el transporte público a partir de las 8:30 pm y la
familiaridad que se puede encontrar con algunas personas conocidas en el vehículo
camino a uno de los asentamientos humanos del Distrito de Paucarpata.
Justo la combi tenía que pasar por la paralización de
una obra de infraestructura valorizada en 6 millones de soles en el 2022, actualmente
según el portal “amigable del MEF” asciende a más de 13 millones de soles, que
estaba siendo ejecutada en la Av. Jesús, era el intercambio vial del
Bicentenario, nombre rimbombante para un alcalde prófugo que no concluyo su
gestión en la comuna provincial que tiene orden de captura internacional,
porque las cámaras lo alcanzaron, donde se anunció que la obra terminaría en
agosto del 2022, después hasta diciembre de ese mismo año, y ahora la nueva
gestión municipal entrante menciona que culminara en marzo. Sin resguardo del
serenazgo por ningún gobierno distrital de Mariano Melgar ni de Paucarpata,
mucho menos de la comuna provincial, era una zona que se convertía en caldo de
cultivo para asaltos con arma blanca y con arma de fuego, donde los vecinos
estaban atemorizados y los visitantes caían en sus redes delincuenciales, no
importaba los niños o los ancianos, ni mucho menos las protestas por la crisis
política, la delincuencia no descansaba en aquella zona.
Don Moisés tenia el sentido de protección constante en
él, porque eso lo aprendió de sus padres, y ellos de los abuelos. Comprendía
que el sentido de protección de sus seres queridos estaba por encima de
cualquier lógica material, porque tenía el concepto que son miembros de la
familia que acompañan, son solidarios y se desprenden de cosas materiales por el
amor entre pares. Por otro lado, pensaba que recobrar las salidas a los espacios
públicos como plazas, parques, alamedas y pistas significaba algo importante
para la vida emocional y física de la familia, porque después del aislamiento
de dos años y medio que mantuvo la COVID-19, y entendiendo que los seres
humanos son seres relacionales tenia el deber de enseñar a sus hijas lo que la vida
le había pintado de blanco la cabeza. La experiencia que le había dado.
Ese día mataron a su Lucia, mataron su arte hecho
vida, mataron a su Cine. Don Moisés trato de defender a una señorita que le
estaban robando su celular cuatro sujetos que entraron a la combi de la empresa
de transportes la Cotum, empuñando armas de fuego, donde pudieron hacer unos disparos,
una bala perdida le cayo a su hija de 8 años, cerrando los ojos para nunca mas
volverlos abrir.
La indiferencia de la gente mostro fue sepulcral para
Don Moisés, mato todo en él, ni una palabra de aliento, ayuda o colaboración ni
con su hija ni con la señorita que estaba impactada por el atraco, la combi
llena de pasajeros sin hacer nada, sin aquella organización que tenía en el
Avelino, mientras que los delincuentes caminando se retiraban. Al parecer los
pasajeros estaban esperando que la combi otra vez se ponga en marcha para
llegar a ver el Miss Universo. La indignación recorría todas las venas de su
ser, bajándose del transporte con sus hijas, para ir al hospital y luego a la
comisaria. Ambas gestiones no sirvieron para nada, la primera solo le sirvió para
certificar la muerte de Lucia y la segunda institución tuvo que esperar 30
minutos solo para poner la denuncia, porque el policía de apellido Arriola encargado
de prevención del delito llego tarde y solo le dio un papel de la denuncia, no
trataron de buscar ni de patrullar solo dijeron que investigaran el caso. Don
Moisés estaba destruido.
Después se daría cuenta Don Moisés que ese mismo día
era un certamen llamado el Miss Universo, un certamen superfluo de añoranza de
todas las personas que viven en la sociedad del espectáculo, inconscientes de
los problemas a su alrededor, sino de los accesorios que pueden comprar, aún
hipotecando su propio cuerpo e integridad moral, aquel evento extrapolaba a la
gente de su realidad circundante, donde su atención a sus celulares y
televisores solo determinaba la dominación de la razón al servicio de grandes sistemas
publicitarios, monopolios y capitales.
Don Moisés es un hombre perturbado, oscuro, cargado de
armas que esconde bajo su saco café enorme, subiendo todas las noches en la Av.
Mariscal Castilla, siempre a la empresa de transportes la Cotum a las 8:30 pm,
conversador si te muestras amable con él. Sentándose solo en un rincón de la
combi, en busca de venganza, siempre esperando el momento de ver un delincuente
y porque no pensar que algún día encontrará aquellos delincuentes que le arrebataron
la cultura de su corazón.
Él entendió que la fuerza es de aquel que tiene poder,
y los instrumentos para ejercer alguna coerción, sobre todo cuando la masa de
la gente no esta interesada en temas terrenales, no esta interesada en su problemática,
solo le interesa lo que les pueden vender, con esa idea utópica que pretenden
ser, pero nunca lo serán porque no sabrán cuando les llegará una bala perdida,
seguro en un mundial, miss universo, fecha festiva u otra ridiculez.

Comentarios
Publicar un comentario